¿Estamos preparados? ¿Qué nos falta?
Los terremotos en Venezuela en semanas pasadas (7.2 y 7.5 grados), llevan +3,500 fallecidos y se habla de 50,000 desaparecidos, una de las mayores catástrofes de su historia. Los vecinos en la región estamos obligados no solo a ayudar sino que, tomando esto como lección, debemos identificar nuestras propias debilidades para que cuando sea nuestro turno estemos debidamente preparados.
En el caso peruano, sufrimos un sismo grado 7.9 en Pisco, año 2007, 595 muertos, 2,291 heridos, 76,000 viviendas destruidas, 450,000 damnificados. Más intenso, pero con menos víctimas, principalmente por una densidad poblacional largamente inferior en Pisco que las zonas afectadas en Venezuela.

Me tocó dirigir esa vez al equipo local de respuesta a desastres de una transnacional de logística coordinada con Naciones Unidas. Mi grupo tenía debía asegurar la continuidad del flujo de donaciones que llegaban por aire, mar y tierra. Instalados en la base de la Fuerza Aérea en Pisco, asistíamos en la descarga de aviones que llegaban con ayuda internacional y local, en el puerto de Pisco asistíamos la recepción de buques de la Marina de Guerra en improvisada ruta desde el Callao hacia el maltrecho puerto de Pisco y recibimos camiones desde diferentes puntos del país. En los hangares de la base a modo de almacenes se establecieron largas jornadas de recepción de donaciones y preparación de “pedidos” para atender el envío de alimentos y suministros en el orden de prioridad establecido por INDECI con el apoyo de la Organización Panamericana de la Salud y la OMS. En pocas semanas se movilizaron 13,000 toneladas de ayuda.
El sismo no solo causó daños, desnudó serias deficiencias en el manejo de desastres por parte de las autoridades a cargo. De ocurrir en Lima, un sismo similar cobraría decenas de miles de vidas. La ciudad no estaba ni está aún debidamente preparada para esto. ¿Qué hacer? ¿Cómo nos preparamos?

Logística humanitaria y el reto frente al desastre
Primero lo formal, La logística humanitaria se define como el proceso de planificación, implementación y control del flujo y almacenamiento eficiente en costos de bienes y materiales, así como de la información relacionada, desde el punto de origen hasta el punto de consumo con el fin de aliviar el sufrimiento de las personas vulnerables. (Anisya S. Thomas, and Laura Rock Kopczak, The path forward in the humanitarian sector. 2005, Fritz Institute, la traducción es mía)
En este sentido, el reto de la logística humanitaria consiste principalmente en:
Después del desastre:
- Se requiere velocidad por la alta cantidad de afectados. El tiempo de respuesta es en muchos casos la diferencia entre vida y muerte
- Las vías de acceso y la infraestructura de almacenamiento en la zona afectada colapsan por el mismo desastre
- El flujo de ayuda humanitaria no es organizado, no hay programación de operaciones y tanto para recepción como despacho se atiende en orden de llegada. No existen zonas de espera
- En la ayuda humanitaria un porcentaje muy pequeño de carga llega debidamente unitizada (cajas, pallets). Las donaciones de la población son usualmente unidades sueltas.
- Se manejan miles a decenas de miles de SKUs, muchos corresponden a lo que se llama “donación no solicitada” (no indispensable) que generan cuello de botella en su procesamiento (la ropa donada es un ejemplo)
- Robo y pillaje en varias partes de la cadena
- Falta de preparación de las partes responsables se manifiesta entorpeciendo el flujo, distrayendo recursos y generando cuellos de botella adicionales
Antes del desastre:
- Falta de reconocimiento a la importancia de la logística, los fondos de donantes se enfocan en la parte visible del esfuerzo posterior al desastre, pero no en el desarrollo de capacidades de largo plazo
- Falta de staff profesional en las organizaciones tanto gubernamentales como no gubernamentales, en muchos casos por razones políticas (copamiento de instituciones por los asociados a los gobiernos de turno).
- Escaso soporte tecnológico
- Escaso aprendizaje organizacional (rotación de personal y falta de espacios de autorreflexión y análisis de lecciones aprendidas)
- Colaboración limitada entre agencias y organizaciones de ayuda y gubernamentales para la búsqueda de sinergias. Competencia por los mismos fondos.
A la fecha, aunque existen avances, los equipos gubernamentales asociados a la gestión de desastres son de “bajo perfil” y no pensamos en ellos hasta que se les necesita. El copamiento institucional al que hemos estado acostumbrados (cada gobierno de turno mete a sus partidarios sin preparación en todas las instituciones posibles) lleva a sospechar que las cosas deben estar igual o peor (sería muy feliz de equivocarme). Como parte de esta comunidad, los profesionales y empresarios debemos responder. Más allá del cliché de que defensa civil somos todos, hay que esforzarnos en generar conciencia sobre algunos aspectos, como:
- Entre el 60% y 80% de las operaciones en caso de desastres corresponden a tareas logísticas
- La prevención en el largo plazo es más sostenible desde la empresa privada que desde el Estado. Si trabajan juntos mejor, pero la iniciativa tendrá que salir del sector privado.
- Necesitamos una comunidad de profesionales de logística que esté dispuesta a compartir gratuitamente conocimiento y experiencia y que se convierta en referente del sector y voz autorizada de cara a los stakeholders involucrados.
- Generar una base de conocimiento de libre acceso, involucrando a universidades, colegios profesionales y entidades de gobierno. La logística humanitaria no es un negocio, es conocimiento vital.
Ojala y estas líneas sirvan para caminar hacia un mejor país donde todos nos cuidemos realmente los unos a los otros.